Pepe, Pepe

Pepe Lobo 1 Comentario »
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En su momento y apoyándome en los hechos que son los que nunca mienten (“Por sus hechos los conoceréis”) ya escribí que a Pepe … ¡sólo le interesa Pepe!

Estaba preparando un artículo sobre sus últimas andanzas, pero D. Aníbal Delgado se me ha adelantado con una reflexión que comparto plenamente.

ooooooooooOoooooooooo

Lamentos presidenciales

Honduras, 11.03.10 – Aníbal Delgado

Aníbal Delgado

Cuando el Presidente se refiere al hecho de que ciertos gobiernos de América Latina no reconocen al de Honduras, lo hace en medio de lamentos que hieren el orgullo de los hondureños.

No es a mí a quien perjudican, dice, es a los pobres, y demanda entre súplicas la comprensión de los gobiernos que aún se muestran duros para establecer relaciones con Honduras.

Esta actitud suplicante probablemente sea aconsejada por sus asesores de imagen, pero, es necesario repetirlo, esto no va con quien debe levantar la moral de un pueblo y fortalecer su sentido de dignidad.

Aunque no lo haya prometido en su campaña, una de las cosas que debe hacer un mandatario es defender el honor de la República aún en los momentos más sombríos de su historia; ni las personas ni las naciones, si no es a costa de su vergüenza, deben extender su mano suplicante para demandar un beneficio.

La historia está llena de ejemplos de dirigentes que fueron capaces de conducir a sus pueblos por senderos de sacrificio antes de renunciar a su dignidad o a su libertad, y esos dirigentes, que en su momento hicieron lo que demandaba el decoro nacional, son los que se han ganado el reconocimiento postrero.

Cierto, hay que buscar la paz y la armonía entre las naciones con empeño; hay que procurar insertarse en el concierto mundial con determinación, no sólo por los intereses del comercio y de las finanzas, sino por los intereses de la cultura y del disfrute conjunto de los bienes de la civilización, pero este empeño y esta determinación deben ser en el marco de la dignidad.

Quienes se autocalifican de pragmáticos renuncian al decoro nacional; reclaman que lo importante es colmar simples necesidades materiales de una minoría opulenta, olvidando que las sociedades poseen patrimonios culturales, espiritualidades ancestrales, que nadie está autorizado a menoscabar.

La libertad no llega en las bayonetas de ningún ejército invasor, decían los pueblos cuando Napoleón intento imponerles los principios republicanos; el socialismo no llega en la panza de los tanques usurpadores dijeron a Stalin las sociedades de Europa del Este, es producto de la lucha de los pueblos; la democracia y el desarrollo no llegan ni en las valijas diplomáticas ni en los maletines de los financieros internacionales, decimos ahora, son producto de la determinación y el valor de nuestros pueblos.

El presidente debe ser consecuente con estos ideales, debe luchar por el reconocimiento internacional pero desde una plataforma de respetabilidad, debe ser el conductor de un país que jamás ha aceptado la conmiseración de nadie.

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