La fiesta de este viernes

Política
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Gautama

El ascenso al poder del Presidente electo será motivo de fiesta. De una fiesta hecha en medio de banderas rojiblancas, de sonrisa en los labios y de alegría generalizada.

En ella estarán, desgraciadamente, como invitados especiales y ocupando los principales estrados, algunos de los hombres y mujeres que hicieron encallar en el descrédito al gobierno saliente. Que le han robado al Estado a manos llenas.
Que nos han estafado a todos con el mayor cinismo. Que le han hecho más hondas las heridas a los pobres, a los descalzos, a los enfermos y a los desocupados que conforman a la casi totalidad del pueblo hondureño.

Esos hombres y esas mujeres abrazarán, emocionados, al nuevo Presidente. Le besarán sus manos. Le dejarán tarjetas contentivas de sus teléfonos y de sus direcciones. Le harán saber al oído los lugares en que podrá reunirse con ellos, bien sea en el Golfo de Fonseca, en la Costa Atlántica o en alguna de las mansiones de que son propietarios hechas con el salario que han dejado de pagarle a sus trabajadores.

En esos estrados se encontrarán también, como mansos corderos, quienes fueron derrotados en los recientes comicios generales y que en los últimos días quisieron asaltar al Poder Legislativo con la complicidad de un muchacho que pasa “jugando la vida al azar” para desgracia de todos.
Ni el área toda del Estadium Morazán sería suficiente para almacenar tanto dinero mal habido, ni tanta náusea sectaria, como la que habrá reunida en el acto a que nos referimos.

Por otro lado, no envidiamos ni al futuro titular del Poder Ejecutivo, ni a los hombres y mujeres que llenos de valor lo acompañarán en su azaroso viaje.

El país, en efecto, no puede estar en peores condiciones. Su situación sólo es comparable, en microscópica medida, con la de las municipalidades de Tegucigalpa y de San Pedro Sula, que hasta ayer fueron dejadas en libertad por quienes, investidos de autoridad, las mantenían secuestradas.

Y es que para algunos de nuestros políticos gobernar es robar, es esquilmar, es derrochar, es beneficiar a los amigotes y a los parientes con las cosas valiosas del Estado o de las municipalidades; es apropiarse ilícitamente de lo que es de todos, bien se trate de recursos forestales o mineros, de las tierras más feraces, de las playas hechas por la naturaleza para la recreación de la población en general y no sólo de unos pocos, de los recursos fiscales de toda clase, de lo valioso imaginable.

Ese mismo es el criterio de un puñado de pícaros de ascendencia árabe y de unos cuantos nativos que, mientras aquéllos están en el gobierno, les tienden alfombras rojas a su paso, los colman de valiosísimos regalos, les donan sumas cuantiosas de dinero, les regalan acciones de sus empresas, los mantienen, en fin, entretenidos y mareados, mientras ellos se adueñan de cuanto pueden.

Por si lo anterior fuera poco, para todos es obvio que quienes han venido manipulando al Partido Nacional se esmeraron en dejar todo convertido en un enredo máximo, en un túnel sin salida aparente.

Para ilustrar lo anterior baste con decir que en una absoluta oscuridad quedó sumido cuanto se relaciona con la monstruosa defraudación fiscal que se consumó con motivo de la importación de una cantidad desconocida de derivados del petróleo; que poco o nada se sabe acerca de los escandalosos contratos de suministro de energía térmica que suscribió la ENEE con dos o tres empresarios; que nadie sabe cuánto se pagó para hacer lo que se intentó hacer con Hondutel; que nadie conoce las sumas que se le entregaron a ciertos diputados para que aprobaran distintos actos o contratos que le han ocasionado pérdidas inimaginables al Estado o que hicieron posible con sus votos que el artículo 107 de la Constitución dijera algo completamente diferente de lo que resulta de sus propios términos.
¿Para qué seguir?.

Formulamos votos porque el nuevo gobierno no fracase, porque haga uso del puño cerrado de la justicia contra la pandilla que ha convertido en pudridero a nuestro país y porque saque a Honduras del analfabetismo, del desempleo y del subempleo, ya que mientras esto no se convierta en hecho hablar de justicia social entre nosotros será, como hasta ahora, una blasfemia.

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Un comentario a “La fiesta de este viernes”

  1. Midar Dice:

    Pocas veces un comentario es tan denso en ideas como éste del maestro D. Gautama Fonseca.
    Y no sólo eso, la claridad de las mismas es indiscutible a la hora de llamar a las cosas por su nombre.

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