No, no quiero referirme a los seguidores del Club de Fútbol Marathón.
Me refiero a los marathones que como hongos se reproducen a lo largo y ancho del país para recaudar fondos con los objetivos más variopintos.
¿Acaso no es una OBLIGACIÓN DEL ESTADO hacer la mayoría de las cosas que salen adelante con esos marathones?
¿Dónde están los dineros del Estado recaudados a los contribuyentes?
¿Cuántas veces deben pagar éstos por los servicios del Estado?
Seguramente, si no hubiese tanta corrupción que engulle cantidades ingentes de fondos, los marathones no serían necesarios y se evitaría el ridículo, por no decir palabras más gruesas, que el mencionado Estado hace cada vez que se efectúa uno de ellos.
En lo particular, cada vez que viví uno en suelo hondureño y ahora desde afuera cuando los veo anunciados no puedo evitar el pensar en la incompetencia de un Estado que no sabe proporcionar a sus ciudadanos lo que necesitan debido al desastre moral y administrativo (como en todo hay excepciones, pocas, como la de D. Armando Sarmiento que confirman la regla) en el que está sumido (Leer aquí informe del FOSDEH) y que sólo encuentra la solución de asaltar de forma repetitiva los bolsillos de los hondureños, (bien sea de forma directa o también indirecta desviando fondos que se reciben de la Cooperación Internacional y ahora de los destinados a la ERP), para ir poniendo parches a una situación insostenible.

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