Hace pocos días, escribí una nota criticando un escrito de Juan Ramón Martínez (ver aquí).
Hoy, he leído uno de los artículos que, en lo personal, considero de los más importantes salidos de su pluma por la cantidad de ideas claras, directas y comprensibles (esta vez en el camino correcto de la formación de la opinión pública que todo escritor debiera recorrer con honestidad) de las que transcribo a continuación algunas muestras …
“… en Honduras, por lo que aquí pasa, todos somos responsables. Y que, incluso los que sufren las peores desgracias: pobreza y miseria para toda la vida, menosprecio de los más ricos y más fuertes política y socialmente, exclusión por parte de las autoridades y menosprecio incluso de los intelectuales y los periodistas, tienen la mayor responsabilidad por la docilidad con que aceptan su destino, por la cooperación que brindan cada vez que se les consulta. Y por el apoyo que le dan electoralmente, a quienes son reconocidos como los responsables de sus desgracias y sufrimientos.”
“Es fácil rehuir a la responsabilidad de la acción personal y cómodo establecer que la realidad, negativa y ofensiva para los seres humanos que poblamos el territorio nacional, es obra de la perversidad de los otros. Desde “la mala suerte”, el abandono de Dios “que no nos quiere”, el imperialismo norteamericano, la mala leche del catolicismo que nos evangelizó mal; o simplemente, de la ubicación geográfica que nos obliga a la indolencia, a la pereza y a la inacción.”
El artículo completo, que no tiene desperdicio, lo puede leer, amable lector, entrando en este enlace.
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23 Diciembre 2006 a las 17:40
Gobernanza o Apartheid
Por Marlin Oscar Ávila
Estos días el cristianismo celebra un momento de alegría y de paz en comunidad. La alegría tiene muchas motivaciones que van ligadas a la satisfacción de nuestras necesidades de índole sentimental y material. La paz esta ligada al no ser perturbado de la libertad y la tranquilidad vivida en sociedad.
El mercado ha explotado todos estos propósitos del cristianismo de manera tal que la alegría la vinculó directamente al consumo de mercancías para satisfacer necesidades artificiales. La paz la vinculó al poder económico convirtiéndola en una mercancía que solamente pueden tener aquellas familias que paguen su seguridad en altos precios. El solo hecho de parecer pobre da lugar a ser detenido, registrado y convertirse en un transeúnte amenazante a la tranquilidad de las clases altas.
Para resolver estas irregularidades en una sociedad cristiana y noble, deseosa de tranquilidad como la hondureña, es que se instala un gobierno cada cuatro, sabiendo que la democracia política es quien tiene la mejor propuesta para lograrlo. Pero esta democracia no solamente debe ser formal ni dejarse dominar por el fundamentalismo del mercado. Aun para el Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, en un sistema de mercado “…el gobierno debe tener un papel importante y fuerte.” No obstante, lo que vemos en el entorno es un gobierno débil e incapaz de cumplir su cometido. Las causas de su debilidad no están tanto en sus líderes actuales, como en su historia contemporánea, cuando los líderes no fueron capaces de entender la importancia de un gobierno fuerte.
La gobernanza, interpretada como el proceso de toma de decisiones en relación a los asuntos colectivos, esta en entredicho desde hace varios años. Los asuntos colectivos son todos aquellos concernientes a la reproducción, educación, trabajo, familia, vivienda, salud, cultura, deportes, ocio y retiro de todos los humanos que integran la comunidad. Es decir, no solamente es la seguridad y la paz de un grupo selecto, pero la de todos, hasta del desquiciado que viva debajo de un puente o de los que son acecinados impunemente en las cárceles.
Pero en Honduras se esta construyendo una especie de Apartheid, donde unos no tienen nada que envidiar la vida en Beverly Hill y muchos otros agonizan lentamente de inanición. Y no es porque no existan recursos y conocimiento para detener esta tendencia hacia la devastación social, pero porque no existen las decisiones y compromiso debido para resolver el problema.
San Luís de Santa Bárbara, con un índice de desarrollo humano menor al 0.47, recibió un proyecto del FHIS para letrinización. En la aldea Piedras Azules, las letrinas las construyeron a un metro de profundidad y las paredes de adobe. Ahora sus contenidos fecales se dispersan por doquier de manera que el estiércol de animales domésticos mezclados con las heces pavimentan los caminos por donde caminan niños descalzos, cuyos estómagos e infección de piel debelan los parásitos y bacterias que inundan el ambiente. Ahora su alcalde, Francisco Cruz, esta administrando más de dos millones de lempiras enviadas desde la oficina del Comisionado de la ERP para ayudar a salir estas poblaciones de su miserable vida. ¿Lo hará?
Pero además de las malas inversiones de quienes administran los recursos para la pobreza, esa zona vive constantemente el acecho de maleantes. Estos, no solamente roban las pocas pertenencias familiares, sino que violan y ultrajan la dignidad de las mujeres indefensas. Y la policía ahora no es garantía de seguridad, así es que son comunidades abandonadas por el Estado, sin derechos y sin esperanzas.
Mientras se llenan los centros comerciales en el consumismo de la economía de mercado, muchos otros hondureños trabajan hasta la extenuación por enviar las remesas del norte y, muchas familias de barrios urbanos y aldeas alejadas están viviendo peor que el ganado mantenido en granjas industriales. Se debe llegar a la gobernanza real.
23 de diciembre de 2006
23 Diciembre 2006 a las 20:56
No hay gobernanza real sin respeto integral al cuidadano(a) como persona humana. Desgraciadamente en nuestro pais sólo unos pocos gozan de bienestar, en tanto que la gran mayoría de la hondureñidad se consume en la pobreza, la exclusión de la toma de decisiones de los asuntos más importantes que deberían consernirnos a todos(as).En estas fiestas se visibilizan las grandes carencias materiales,intelectuales, morales y espirituales de nuestra sociedad. Algunos equivocadamente creen que corservando su burbuja de comodidad estarán felices siempre. Cuan equivocados están ya que tarde o temprano los males, como un escupitajo lanzado por los aíres, cernirán sus secuelas sobre todos(as) y nadie disfrutará de paz.
Ojalá reflexionesmos y asumamos como tarea cotidiana la transformación total de nuestra patria, únicamente si constrimos, en diálogo diverso y plural, un sujeto político popular, propulsor de una democracia social participativa podemos forjar la Honduras que soñó Morazán.
26 Enero 2007 a las 17:36
[...] Hay que felicitar al Sr. Oscar Avila y a los otros hondureños (desgraciadamente son pocos todavía y lo que predomina es la pasividad en la sociedad catracha tal como cita Dña. Gloria Leticia Pineda en su artículo “Paso que dura …” o como cita el Sr. Juan Ramón Martínez en su artículo “Responsabilidad o complicidad“) que luchan con los medios a su alcance para devolverle la dignidad a su Patria. [...]