Estamos pendientes de la sentencia que dictará la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia en el caso planteado por los abogados del actual Presidente del Congreso Nacional.
No es que abriguemos la esperanza de que los hombres y mujeres que la integran actuarán conforme a Derecho y no de los arreglos políticos concertados entre quienes han convertido a Honduras en lo que desgraciadamente es. Pero perder la esperanza en un caso como el planteado es colocarse en la posibilidad de sufrir un derrame cerebral.
En otro orden de cosas, no nos sorprendió la opinión recientemente vertida por la Fiscalía General de la República. A decir verdad, el Derecho es una ciencia demasiado seria para esperar que sea conocida por quienes no la han estudiado ni siquiera superficialmente.
Por lo demás, para nadie es un secreto la clase de profesionales que por gruesas le ha venido entregando a la sociedad hondureña la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
No por casualidad dicho Centro de Estudios ha sido rectorado hasta por invertebrados provenientes de la APROH.
No le ocultamos a nuestros lectores, además, que hemos gozado con la tesis que sostienen los interesados en salvar a Honduras haciendo posible la elección como Presidente de la República del actual titular del Organismo Legislativo. Pese a que según la Lógica “una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo”, ellos afirman -sin morirse de vergüenza-, que hay normas constitucionales que contradicen a la propia Constitución.
La originalidad de tal tesis es pavorosa.
Los pobres no están enterados ni siquiera de las reglas sobre interpretación contenidas en el Título Preliminar del Código Civil. Ignoran, por lo mismo, que según el párrafo primero del artículo 19 de tal Título “El contexto de la ley servirá para ilustrar el sentido de cada una de sus partes, de manera que haya entre todas ellas la debida correspondencia y armonía”.
Sobra decir que todo cuanto contradiga la indicada regla es tan sólo un disparate.
Pero entender lo anterior, para ellos, es tan difícil como lograr que los limoneros produzcan peras.
¡Que Dios nos encuentre confesados si se confirma lo que se viene diciendo en el sentido de que votar en contra de aquella absurda pretensión, en la Corte Suprema de Justicia, puede ponerle término a la reelección de los magistrados que tal hagan!
Así que esperemos, ya que los integrantes de aquella Sala tienen la palabra y que ésta pondrá de manifiesto la madera de que están hechos.
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