La ALBA es uno de los temas más controversiales que se han suscitado en los últimos días en Honduras.
Si nos atenemos a lo firmado
por el Gobierno de Honduras, he de decir que me parece un documento excelente que recoge, estoy seguro, los anhelos de muchas personas en Honduras y más allá de sus fronteras que están deseosas de que se produzca un cambio que redunde en la mejora real de sus vidas.
El sistema en el que estamos viviendo la mayoría de los ciudadanos del mundo, sobretodo en lo que a la economía se refiere, ha fracasado
en dar cumplimiento a las expectativas de la mayor parte de los seres humanos que poblamos el planeta Tierra.
A este respecto, y en relación con la mencionada ALBA, estoy de acuerdo [lo que me ahorra escribir muchas líneas] con lo manifestado por los amigos Eduardo Bähr
y Billy Peña
, así como con el editorial
de La Tribuna publicado el día de hoy en orden a recoger diferentes puntos de vista sobre el tema.
Dicho lo anterior, hay que poner los pies en el suelo y habrá que esperar a los resultados de dicha asociación para ver si se confirman las expectativas de la gente. De momento no se han visto resultados tangibles para los ciudadanos de los países adheridos a la iniciativa ya que por poner el ejemplo más llamativo y que podía haber sido inmediato, los precios de las gasolinas no han experimentado un retroceso que favorezca a los agobiados consumidores y por otra parte las inversiones prometidas por el Presidente de Venezuela todavía no se han hecho realidad.
Lo que sí me preocupa de la ALBA es la dependencia casi total que creo tiene de los fondos de Venezuela, a menos que alguien me pueda sacar de mi error en este punto, ya que eso indudablemente la hace muy vulnerable en cuanto a su sostenibilidad pues no hay que olvidar dos cosas: 1) Los fondos para su financiamiento salen de una cuota que da Venezuela siempre que los precios del barril de petróleo sobrepasen los 100 dólares
y 2) ¿Continuará dicha subvención en el caso de que el Sr. Hugo Chávez deje el poder?.Y en el caso de que esto último sucediese, ¿querrían cobrarse sus sucesores lo entregado a los otros países?. Como en el ajedrez hay que tener estudiadas todas las posibilidades.
También me preocuparía que adicionalmente a lo firmado oficialmente existiesen pactos adicionales que no se hayan hecho públicos, que desgraciadamente es una práctica habitual de todos los gobiernos del mundo ya que la transparencia en la política es un mito.
En fin, el tiempo es el mejor juez y él nos descubrirá la verdad de la ALBA. Ojalá que se convierta en una venturosa realidad y no en una tomadura de pelo más a los sufridos ciudadanos, que necesitan tener esperanza en que un cambio en sus condiciones de vida es posible.
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